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LOMAS UN BALNEARIO BIEN CALETA

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LOMAS UN BALNEARIO BIEN CALETA

Entre Pisco y Nazca, más allá de los circuitos tradicionales de turismo en el departamento de Ica, se puede descubrir una sucesión de pequeñas poblaciones, oasis, bosques y caletas que bien merecen un viajecito de fin de semana.
Apenas pasen las lluvias de temporada estas zonas garantizan una buena jornada de turismo, casi de aventura, por lo difícil que resulta encontrar un buen hotel donde alojarse o restaurantes de garantía. Lo recomendable, empero, es realizar este viaje en coche propio como para poder visitar todos los lugares que a continuación recomendamos.
Lo primero es un presupuesto como para llenar tres veces el tanque, pagar cinco peajes de ida e igual número de vuelta, y para llenar el estómago en los restaurantes de las ciudades conocidas.
Nosotros partimos de noche desde Lima y sólo nos detuvimos en Chincha para saborear un buen caldo de gallina en los restaurancitos ubicados al filo de la Panamericana Sur. De ahí pasamos Pisco y paramos en Pozo Santo (Km 251), pues nos llamó poderosamente la atención ver una, capilla en medio del desierto iqueño.
Cuenta la historia que a fines del siglo XVIII una sequía afectó la zona, motivando grandes desplazamientos de damnificados en busca de agua. Ellos eran guiados por Fray Ramón Rojas, quien al ver los sufrimientos de los pobladores obró el milagro de hacer brotar agua entre las dunas. Desde entonces, este pozo no se ha secado y se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los pobladores de la zona.
Seguimos nuestro camino pasando la ciudad de Ica, Ocucaje y otros lugares turísticos de zona, sin detenernos, hasta el Puente Santa Cruz (Km 386), donde se inicia un peligroso ascenso con curvas ciegas que serpentean por las estribaciones andinas que separan los dos grandes valles iqueños. Al descender, entre los farallones que se alzan en ambos lados de la carretera, surge el hermoso valle del río Ingenio y el acogedor poblado de Palpa (Km 395). Allí probamos sabroso chupe de camarones y las frutas propias del lugar, no sin antes vaciar un par de cervecitas bien heladas para espantar el calor reinante en la zona.
En Palpa descubrimos varias interesantes rutas para pasear por la campiña y visitar sus monumentos arqueológicos. Lo primero es visitar “Reloj solar incaico”, un impresionante geoglifo que nos hizo recordar las cercanías de las Líneas de Nazca.
Ubicado a sólo diez minutos del centro de Palpa, allí se han construido impecables instalaciones para los turistas, incluyendo cochera, garita de visita y una escalera de cemento con barandas que ascienden hasta la cima del cerro, desde donde se puede contemplar los geoglifos diseñados sobre las ardientes arenas de la Pampa de Sacramento.
De vuelta a Palpa se puede ir al "puente colgante incaico", ubicado a sólo 5 kilómetros de la ciudad y en medio de la bella campiña, pero de acceso restringido a camionetas de doble tracción.
Siempre hacia el sur continuamos nuestro paseo por Saramarca, Molinos y Llipata, célebres por su producción de mangos y sandías, así como por su hermosa campiña de olivares. Más allá pasamos por Changuillo y El Ingenio, donde los turistas pueden pasar una hermosa tarde en los restaurantes ubicados en medio de la campiña.
Muy cerca, pero siempre hacía el sur, detuvimos en el pequeño poblado de San Miguel de la Pascana, para visitar la casa-museo de María Reiche y conocer detalles de la vida de la estudiosa alemana, dedicada de cuerpo y alma a proteger las famosas Líneas de Nazca.
A la altura del kilómetro 419 nos detuvimos en el famoso mirador para contemplar los imponentes geoglifos sobre las pampas de San José.
Desde ahí no paramos hasta Nazca. A la mañana siguiente, muy temprano, seguimos camino hasta nuestro destino final: Puerto Lomas (Km 528), ubicado casi en el límite que separa los departamentos de Arequipa e Ica. Se trata de una caleta donde el tiempo parece detenido entre sus casitas de madera -típicas de los viejos puertos peruanos-, su pequeño muelle y sus hermosas playas de arenas blancas y mar azul que todos los fines de semana recibe a bañistas provenientes de Acarí, Nazca, Ica y Lima.
Allí contactamos con don Abif Morkos, un viejo palestino que radica en la zona desde hace 40 años, dedicado al comercio y a la pesca artesanal. Con él recorrimos las peñas y farallones que rodean el puerto -un verdadero paraíso para los aficionados a la pesca con cordel y caña- mientras nos contaba historias del viejo esplendor portuario de Lomas, que poco a poco se va convirtiendo en uno de los balnearios más exclusivos del sur. Luego de un merecido descanso a orillas del mar, de un revitalizante chapuzón en las aguas frías de la playa y de un merecedor cebiche de lenguado, de un filete de corvina bien frito y de una cervecita bien helada, tomamos una siesta y la emprendimos de regreso a Lima con el único deseo de describir este largo paseo de fin de semana para los lectores de ANDARES.